Mujeres que están transformando la industria: la brecha del sonido

Mujeres que están transformando la industria musical en España: la brecha del sonido.

Productoras, técnicas, compositoras y cantantes abren camino a una nueva generación de mujeres que transforman la industria musical española desde la base.


Reportaje escrito y sonoro: Esther Rodríguez Sogorb

 

Cuando hablamos de desigualdad en la música española, no hablamos solo de cifras: hablamos de silencios. De voces que no suenan. De decisiones que todavía hoy se toman con sesgos de género. La brecha del sonido es eso: la distancia entre el volumen que alcanzan las voces masculinas y el eco –mucho más tenue– que reciben las femeninas. Durante décadas, los escenarios, los estudios, las cabinas de sonido y las mesas de decisiones han estado ocupados mayoritariamente por hombres. Intérpretes, productores, programadores, técnicos, gestores. Las mujeres están, sí. Cada vez más. Pero siguen estando menos. Y, sobre todo, siguen siendo menos reconocidas.

¿Es un problema estructural? Los datos así lo corroboran. Según datos del informe Women in Music de la Universidad de Southern California, en 2020, solo el 20 % de los artistas que aparecieron en las listas Billboard eran mujeres. En 2024, la cifra ha subido al 37,7 %, pero sin rastro de dúos o bandas femeninas en el ranking. Y en España, entre 2008 y 2020, los hombres firmaron el triple de éxitos que las mujeres: 36 frente a 12, de media anual. Además, las bandas integradas solo por mujeres apenas aparecen en el top 50. No es casualidad. Es patrón.

En España, solo el 2,6 % de las mujeres encuestadas en la industria musical trabajan como técnicas de grabación, según el estudio de MIM


Elena González “Elenaiser”, técnica de sonido en la gira de Lori Meyers (2022) | Foto tomada de sus redes sociales

Pero los datos no solo se quedan en los escenarios. En los roles técnicos, la situación es todavía más preocupante. En 2020, solo el 2 % de los productores acreditados en la lista de fin de año del Billboard Hot 100 eran mujeres. Eso es: una mujer por cada 38 hombres en una muestra de seis años. Aunque en 2024 ha habido un ligero aumento al 5,9 % de los créditos de producción en manos de mujeres, esto sigue significando que el 93,3 % de las canciones a lo largo de 13 años se han hecho sin la participación de productoras. De nuevo, en el panorama español, el Estudio de género de la música en España de MIM señala que solo el 2,6 % de las mujeres encuestadas son técnicas de grabación.


Voces que rompen el silencio

Detrás de esta realidad están los testimonios de artistas que han decidido no adaptarse al sistema, sino transformarlo. Mujeres que han optado por aprender a producirse solas, por autogestionar sus carreras y por visibilizar la desigualdad en cada entrevista y en cada verso.

Una de ellas es Yoly Saa, cantante y letrista gallega, que pasó de tocar en el metro de Madrid a llenar salas en México. Pero ese ascenso no la ha blindado frente al machismo cotidiano. “Hasta que no llega mi mánager, que es un hombre, no se fían de mí, que soy la artista. Me explican cómo usar un equipo que he usado mil veces en conciertos y que conozco mejor que ellos”, cuenta. También recuerda cómo su teclista, experta en sintetizadores, era ignorada por los técnicos de sonido, que no se molestaban en escucharla. “Pierdes credibilidad solo por ser mujer”, concluye.

“Hasta que no llega mi mánager, que es un hombre, no se fían de mí, que soy la artista”, afirma Yoly Saa.


Yoly Saa durante su concierto en la Sala But de Madrid (mayo de 2025) | Foto tomada de sus redes sociales

Martta Sanz, cantautora y técnica de sonido, vivió una experiencia similar durante su formación. “En las prácticas no me dejaban tocar la mesa. Me mandaban a poner cables o micros. Y lo decía. Yo quiero hacerlo todo, no solo una parte”, afirma con indignación. Una vez, un profesor soltó delante de todos: “Que os lo tenga que decir una mujer”. “Si eso te lo dice un profesor, imagínate fuera en el mundo. Falta que los técnicos de sonido dejen de pensar que las mujeres que son músicas no tienen ni idea de lo que están tocando o haciendo”, afirma. Más tarde, cuando publicó su canción Úsame, recibió una avalancha de comentarios machistas. “Si esa canción la canta un hombre, no pasa nada. Decían que luego nosotras pedíamos que se nos respetara. Es que no han entendido nada de la canción”.

¿Y qué hay del sesgo estético dentro de la música? Elia Gosálbez y LNA, dos cantautoras emergentes, coinciden en que el sistema no solo cuestiona la competencia técnica de las mujeres, sino también su identidad artística. “Se espera que las mujeres hagamos baladas suaves, canciones de amor, que seamos dulces”, dice Elia. Por eso, cuando una mujer escribe desde el deseo, desde la rabia o desde la vulnerabilidad más cruda, incomoda. Ambas artistas han sido etiquetadas como “monas” o “tiernas”, aunque sus letras hablen de temas tan duros como el duelo, la ansiedad o las relaciones tóxicas. “Cuando un hombre escribe sobre eso, se le considera valiente”, añade LNA.

“Se espera que las mujeres hagamos baladas suaves, canciones de amor, que seamos dulces”, dice Elia


Elia Gosálbez durante la presentación de “Els Cursos d’Estiu” de la Universidad de Alicante en su Museo | Foto tomada de sus redes sociales

Las playlists, los festivales, los medios… Replican ese sesgo. “Parece que la música hecha por mujeres solo puede gustar a mujeres. Como si no fuera universal”, critica Elia. “La música hecha por mujeres no es un género”, defiende. Las mujeres escuchan un 32,3 % de música de artistas femeninas o de género mixto, mientras que los hombres escuchan un 18,1 %. Y tan solo el 23 % de todos los oyentes en Spotify escucha música de artistas femeninas o de género mixto, según Every Noise at Once, un sitio web para descubrir música creado por Glenn McDonald, exempleado de esta misma plataforma de streaming.

Solo el 23 % de los oyentes en Spotify escucha música de artistas femeninas o de género mixto, según Every Noise at Once

Autonomía y presencia: nuevas formas de hacer música

Para muchas artistas, la solución ha sido asumir el control total de su obra. Gala Nell, productora y cantautora, decidió aprender a producir por necesidad. “No quería tener que explicarle a un productor hombre cómo quería sonar, lo que yo quería hacer o lo que significa para mí una historia de amor entre mujeres. Siento que las expectativas que se tienen de ambos sexos o géneros son distintas”, afirma. Aprendió desde cero, viendo tutoriales y cometiendo errores, pero sabía que no podía permitirse el lujo de equivocarse. “Un productor se puede permitir hablarte mal, no entregar algo a tiempo o hacer una ‘mierda’ de canción. Se les permite fallar y a nosotras no. Si es así, no te vuelven a llamar ni se fían de tu profesionalidad”, concluye. A esa presión se le suma la precariedad. “Alquilar una sala es un riesgo enorme”, cuenta LNA. “Pagas a los músicos, los técnicos, el alojamiento…, y no sabes si recuperarás la inversión. Si además dudas de ti misma, como nos han enseñado a hacer, ni lo intentas”.

“No quería tener que explicarle a un productor hombre cómo quería sonar, ni lo que significa para mí una historia de amor entre mujeres”, afirma Gala Nell

Gala Nell mostrando la producción en pantalla y cantando su último single “Costa brava” | Foto tomada de sus redes sociales

Esta brecha también se refleja en los festivales españoles. Solo un 10 % de los artistas de los festivales fueron mujeres en 2017, en 2018 subió a tan solo un 13 % y durante los siguientes años ha oscilado entre un 13 % y un 18 %, según la plataforma +MÚSICAS. Y cuando se organizan festivales centrados en artistas femeninas, como el Equal Fest, la respuesta del público no siempre acompaña. “No llenaron el WiZink Center y ya no lo repitieron. ¿Cómo puede ser eso llevando a artistas femeninas tan top como Lola Índigo o Judeline?”, lamenta Elia.

En los festivales españoles, la presencia femenina ha oscilado entre el 13 % y el 18 % en los últimos años, según +MÚSICAS

En plataformas como Spotify, iniciativas como Equal España buscan dar visibilidad a mujeres artistas, pero fuera de esas listas, la presencia femenina sigue siendo escasa. “Yo he tenido que ir a buscar en internet álbumes hechos por mujeres”, afirma Martta Sanz. “No están visibles ni hay nada facilitado. Al final las playlists son empresas y el algoritmo refuerza esos sesgos. En las listas de indie hay de todo menos artistas independientes. Siento que hay mucho pago por detrás”.


Martta Sanz en un concierto en la Sala Vesta de Madrid (abril de 2025) | Foto tomada de sus redes sociales

En cuanto a las redes sociales, han supuesto una vía de escape. Martta fue descubierta en TikTok. Elia utiliza Instagram como un diario musical. “No soy influencer. Pero ahí me muestro como soy. Y hay gente que conecta con eso”. Aun así, la exposición conlleva presión: la imagen, el juicio, la necesidad de estar constantemente presentes. Se les juzga hagan lo que hagan y salgan como salgan. “Tengo completa libertad, sí, pero me han comentado cosas como: ‘tienes pelo en el bigote’. Y bueno, es que lo tengo. ¿Qué quieres que te diga?”, comenta Martta. “A las mujeres se nos presiona más. No puedes envejecer, tienes que estar siempre en los cánones físicos, sin canas, depilada. Pero lo mejor es ver que la gente critica también cuando ven fotos sin maquillar y cambia mucho su imagen”.

“Tengo pelo en el bigote. Y bueno, es que lo tengo. ¿Qué quieres que te diga?”, comenta Martta Sanz

Es cierto que, frente al aislamiento, cada vez hay más redes de apoyo. El Refugio del Poeta y plataformas como +MÚSICAS ofrecen espacios para compartir, colaborar y crecer. “Antes parecía que solo había un hueco para todas. Ahora nos damos cuenta de que si una brilla, brillamos todas”, explica LNA. Miriam Rodríguez, cantante y compositora consolidada, también lo reconoce. “El She Sounds de Warner Chappell ha permitido conocer artistas, cantautoras y productoras y técnicas de sonido y unirlas”. La visibilidad, afirma, se va ganando gracias a la reivindicación. Pero también hay que dejar de atribuirla solo a la suerte. Gala Nell afirma que hay un factor suerte que, obviamente, existe. “Hay que estar en el momento indicado, pero evidentemente eso no es suficiente si no has trabajado”.


Una lucha (in)terminable

La brecha de género no solo existe en la música, sino también en todos los demás campos profesionales. LNA, que además de cantautora es entrenadora de baloncesto, lo dice desde su doble experiencia: “En el deporte también hay mucho paternalismo y machismo. Yo he salido de entrenamientos y han venido a decirme cómo tengo que hacerlo. Yo no voy a tu trabajo y te digo cómo trabajar. Parece que se piensan que no tengo cabeza, que no puedo estudiar para llegar a esto, ni siquiera que hable su mismo idioma. En la música pasa lo mismo. Siempre se nos exige más por el simple hecho de ser mujeres”.

“Siempre se nos exige más por el simple hecho de ser mujeres”, dice LNA


LNA durante su actuación en los cines Kinépolis de Alicante (octubre de 2024) | Foto tomada de sus redes sociales

Y esa exigencia no solo viene desde arriba, sino también desde dentro de su propia generación. Martta Sanz lo describe: “Es una empresa de hombres. Si ya te sueltan comentarios cuando estudias, imagínate cuando trabajas. Te hacen sentir que tienes que demostrar el triple. Que tienes que levantar altavoces tú sola para que vean que puedes. Y todo eso cuando muchas veces ni siquiera hace falta: los equipos están digitalizados. Pero da igual. Porque siguen creyendo que tú no sabes. Y lo peor es que hay compañeros que también lo piensan. No solo los profesores. Hay un problema generacional muy fuerte”. A pesar de este diagnóstico, Martta confía en que las cosas están cambiando. “Al final, esa gente se irá retirando. Los hombres mayores que tienen sus empresas de sonido con sus cuatro técnicos de siempre darán paso — quiero pensar — a nuevas generaciones más abiertas. Algunos ya lo son. Algunos ya defienden que si una compañera quiere cargar un equipo, puede hacerlo. Que no necesita que le digan ‘cuidado, pesa’. Porque confían en que puede. Y eso es lo que nos toca ahora: seguir empujando para que las mujeres estén donde aún no se nos permite estar”.

En los cargos directivos, la desigualdad es evidente. Según el Estudio de género de la música en España de MIM, elaborado a partir de una encuesta a las asociaciones APM, ARTE, AEDEM y PROMUSICAE, solo el 37 % de estos puestos están ocupados por mujeres, frente al 63 % que ocupan los hombres. Además, las tres grandes discográficas multinacionales están presididas exclusivamente por hombres. Desde su experiencia en gestión artística, María Climent, mánager, booker y asesora fiscal en GTS (Universal Music), ofrece una visión complementaria: “A nivel legal, no hay diferencias entre hombres y mujeres artistas. Pero eso no significa que no haya desigualdades reales. La mejor forma de protegerse es el conocimiento. Saber qué se está negociando, entender los porcentajes, conocer cómo funciona el negocio. No basta con delegar. Hay que saber, aunque delegues. Porque el conocimiento es lo que te da poder”. Según Climent, en los entornos multinacionales sí se empieza a notar más presencia femenina en departamentos de negocio, administración y marketing. Pero en los puestos creativos –como los de A&R (artista y repertorio)– la balanza sigue inclinada hacia los hombres. “Es cierto que a muchos hombres les atrae más el desarrollo de carreras artísticas. Pero también influye que históricamente esos puestos han estado ocupados por ellos. La industria, como tantas otras, sigue arrastrando sus inercias”, afirma. “Puedes tener un equipo de 20 mujeres, pero que el director siga siendo un hombre. Y eso sigue pasando”.

“Puedes tener un equipo de 20 mujeres, pero que el director siga siendo un hombre. Y eso sigue pasando”, afirma María Climent

Según Arantza M. Huarte, fundadora y directora ejecutiva de +MÚSICAS, la transformación del sector no puede depender únicamente del talento ni limitarse a una cuestión de cuotas. Hace falta política, pedagogía, visibilidad, voluntad y una educación con perspectiva de género desde etapas tempranas. No basta con estar: hay que transformar y reivindicar. Como ella misma afirma: “Yo creo que incluso se puede forzar. Hay muchísimas artistas con talento. Esa es la base. Pero para que las cosas cambien de verdad, hace falta una revolución. Porque, si no, todo va demasiado lento. Y los hombres también tienen que estar ahí. Pero no solo cuando toca colaborar en marzo. Tienen que ser los primeros en apoyar esto, de forma constante.”

“Hace falta una revolución. Porque, si no, todo va demasiado lento”, afirma Arantza M. Huarte


Arantza en el evento +MÚSICAS Forum (enero de 2023) reivindicando el talento femenino | Foto tomada de sus redes sociales

Las redes de apoyo, la formación, el reconocimiento institucional y el compromiso colectivo son las herramientas con las que, poco a poco, se está reescribiendo el mapa musical de España. Como dice Gala Nell, “en el mundo de las mujeres productoras, la mayoría sigue siendo hombres. Y cuando hay una mujer, ya se da por cubierto. Y hay hueco de sobra. El problema es que no se le quita ese espacio a los hombres”.

¿Y ahora qué? El camino hacia la igualdad no está garantizado, pero está en marcha. Está siendo escrito a golpe de acorde, de ensayo, de estrategia y de comunidad. Porque las que hoy componen, producen, afinan y suenan no están esperando a ser reconocidas. Ya están construyendo la industria que quieren habitar. Esta brecha exige espacios de formación con perspectiva de género, festivales con una programación más equitativa, medios que valoren la diversidad y plataformas digitales que quieran visibilizar a más mujeres. Exige también aliados. Compañeros que escuchen, que compartan, que confíen. Y, por supuesto, oyentes abiertos sin tantos prejuicios.

Pero la igualdad en la música no se logra solo con más presencia, sino con más poder. Con mujeres en la mesa de decisiones, con niñas que crezcan sabiendo que pueden ser ingenieras de sonido, jefas de producción o cantantes sin tener que cumplir con ninguna expectativa más que la de ser auténticas. Es una reconfiguración del canon. Una apertura del escenario. Las mujeres músicas que hoy alzan la voz están generando un eco que no se puede ignorar. Porque ellas no están pidiendo espacio. Lo están ocupando. Lo están llenando de armonías nuevas, de sonidos que incomodan a muchos otros. Y esta vez, han decidido que no van a callarse nunca más. Porque esta vez, el volumen lo controlan ellas. La brecha del sonido no se cierra sola. Pero hay algo que ya suena diferente. Y son ellas.

 

Escucha el reportaje:

 

Reportaje escrito y sonoro: Esther Rodríguez Sogorb
@estherrodriguezmusic

Periodista, comunicadora audiovisual y cantautora.

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